El Hada Marxista

Lo que voy a relatar a continuación es una historia, tan bien contada por una guionista que conocí el otro día durante los Goya, que parece prácticamente un relato para un libro, o quién sabe, un blog cutre.
No es que yo estuviera invitado a los Goya, ni que me invitaran a alguna de las fiestas posteriores que suceden por Madrid llenas de artistas, qué va. Yo estaba bebiendo vino barato con otro colega en las Cuevas de Sésamo, escuchando al señor del piano, cuando entraron en tromba al bar una docena de guionistas que se quedaron sin sitio en la gala de los premios. Una de ellas se sentó con nosotros, la mesa en la que se sentó su grupo no era tan grande, y la pobre se había quedado sin silla por segunda vez esa noche.
Voy a tratar de relatar palabra por palabra lo que nos contó nuestra nueva amiga.


Interior de un plató cualquiera en una ciudad española aleatoria.
Rodaje de un anuncio de natillas.
En escena, una niña acaba de abrirse unas natillas y procede a comérselas, cuando entra en el plano un fantasma muy cutre, tan cutre que es alguien debajo de una sábana:
-(Con acento portugués) Uuuuuh niña, no te comas esas natillas, he venido del más allá para repetir y comérmelas yo, uuuuh…
¡CORTEN!
-Director, ¿dónde está el protagonista?

-Cómo que dónde está, ¿no ha leído el último cambio de guión?, está debajo de la sábana.

-¿Me quieres decir que hemos traído a Cristiano Ronaldo para grabar este anuncio, y no se va a ver su cara?
-Claro, esa es la gracia, empieza así y luego…
-Pero ahí debajo podría estar cualquiera, mi cuñao, mi tía de Móstoles, incluso Obama.
-¡¡¿Puedes conseguir a Obama?!!
-¿Quieres que te traiga a Obama?
-Sí
-Para meterlo debajo de una túnica blanca con un par de agujeros en los ojos…
-Sí
-¿No lo ves?
-Aaaah, claro, parecería un nazareno, ¿verdad?
-Mira, déjalo, vamos a por la segunda toma.

En escena, una niña acaba de abrirse unas natillas y procede a comérselas, cuando entra en el plano un fantasma muy cutre, tan cutre que es alguien debajo de una sábana:
-(Con acento portugués) Uuuuuh niña, no te comas esas natillas, he venido del más allá para repetir y comérmelas yo, uuuuh.
¡CORTEN!
-Insisto, ¿hemos traído a Cristiano Ronaldo para tenerlo debajo de una sábana?
-Claro. Querías al futbolista y aquí está.
-¿Pero no se le va a ver la cara?
-Sí sí, al final, cuando…
-¿Y todo este trozo no podemos grabarlo con otro tipo con la voz parecida?
-¿Y qué mas da?
-¿Cómo que qué mas da? ¿Cuánto cobrará Cristiano Ronaldo por cada segundo aquí en el set de rodaje? Si se le va a ver la cara sólo al final….
-Mira, no me he chupado mi carrera de arte dramático ni he estado diez años dando tumbos por tugurios, para que ahora venga un productor sin pasión a decirme que no sé dirigir un anuncio de postres. Si quieres que la imagen de un futbolista represente a tu marca, tiene que hacerlo con su alma y con su espíritu también, y no voy a llamar a nadie para que se meta debajo de esa sábana y represente el ser interior de un futbolista. Esto exigiría tres meses y medio de convivencia de un actor junto a Cristiano Ronaldo para entender su ego, su forma de pensar, de reaccionar, de moverse… hasta tendría que follar y cagar como él para que su actuación debajo de una sábana sea real, ¡joder!
-Perdona, estaba mirando el móvil, hay que ver cómo arden las redes… ¿decías?
-Decía que no me he chupado mi carr…
-Mira, no me calientes la cabeza, apáñate como quieras, voy a solucionar unos asuntos al despacho y vuelvo en 15 minutos. Quiero que Cristiano Ronaldo se luzca o estás despedido, ¿entendido?
-Entendido. ¡Ronaldo! ¡Ven, que tenemos que hablar!

En escena, una niña acaba de abrirse unas natillas y procede a comérselas, cuando entra en el plano un fantasma muy cutre, tan cutre que es alguien debajo de una sábana:
-(Con acento portugués) Uuuuuh niña, no te comas esas natillas, he venido del más allá para repetir y comérmelas yo, uuuuh.
¡CORTEN!
-Me cago en Steve Jobs, ¿dónde está el director?
(El director se quita la sábana de encima)
-¿Por qué para la escena? ¡Lo estaba clavando! Al final resulta que no hacía falta estar tres meses y medio con él, bastaba con meternos en su camerino y echar un buen pol..
-¡Cállese! ¿Dónde está Cristiano Ronaldo?
-Se ha ido (y sin darme su número, el cabrón).
-¿Cómo que se ha ido?
-Sí, ha venido su agente, y se han ido a grabar unas movidas benéficas a un hospital de linces huérfanos.
El productor se derrumba y empieza a llorar, el director se acerca y le pasa el hombro por encima.
-No se ponga así hombre, si total, era un anuncio de natillas.
-Ya, si yo no quería montarlo, pero es pasta rápida, joder. Oye, ¿tú tienes amigos actores que busquen curro?
-¿Que si tengo? A puñaos.
-Vale, ¿qué te parece esta idea? Atiende: “EL HADA MARXISTA”, un hada madrina, pero que acuda a ayudar a trabajadores en apuros. Un musical de puta madre. Yo muevo los hilos, tú buscas el casting y guionistas, y este verano estamos al lado del Rey León en la Gran Vía. ¿Te apuntas?
-¡Cojonudo!


Mi amigo y yo nos quedamos encantados con la historia de la guionista, y le pregunté corriendo si ella era la niña de las natillas.
-¡Pero cómo voy a ser yo la niña de las natillas, pringaos! Esto ocurrió el año pasado. Yo era una de las que curraba en el catering, un trabajillo que me mantiene mientras se mueven mis guiones.
-Entiendo, ¿y que pasó con el musical?
-¿Acaso has oído hablar de él? El director ahora se dedica a preparar actores para el club de la comedia. El productor creo que ahora vive en sudamérica.
-¿Y el anuncio?
-Pues se cambió por uno de animación. Creo que los músicos y los animadores siguen esperando para cobrar… ¡Camarero! ¡Pónganos otra jarra de sangría! ¡Y no escatime con el vino en polvo!
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Angustia

Hoy me ha pasado una cosa tan intrascendente que me apetece desarrollarla muchísimo en este humilde espacio que me ha dejado la red de redes para mi uso y disfrute. Aunque, bien mirado, casi cualquier cosa que realizamos en nuestro día a día resulta intrascendente para el devenir universal, la Tierra seguirá girando aunque tu vecino le diga por fin a esa chica que le gusta, o aunque la mujer que pone multas por no pagar la zona azul haya decidido que ese día no quiere salir de su casa.

La movida ha resultado ser que, he entrado en el cuarto de baño, y no había retretes. No. Que va. Qué tontería es esa, ¿cómo no va a haber retretes en un cuarto de baño? ¿Qué mierda de propuesta es esa, valga la redundancia? Entro en el baño, y hay 3 puertas para separar los 3 habitáculos de intimidad disponibles. He decidido, por simetría o por vaya a saber qué, entrar en el central de ellos, el cuál ya tenía la luz encendida.
Aquí tengo que hacer un paréntesis. En estos baños, las luces individuales para cada habitáculo de intimidad tienen esa clase de interruptores que se apagan de forma automática, por lo que entrar y no darle al interruptor es un poco jugársela a que la duración de la iluminación sea óptima para el desarrollo del evento escatológico a completar en el espacio correspondiente.

Entré pues, en el baño central, que tenía la luz encendida, y procedí a empezar a orinar, sujetando mi aparato excretor con la mano derecha, pues soy diestro aparentemente desde que nací (salvo para cosas como jugar al billar, misterio que dejaré sin resolver para darle un poco de chispa a esta vida de mierda). Pues ahí estaba, meando de pie, podría haberme sentado, debate que he tenido más de una vez con más de una amiga, pues realmente no hay motivo para no sentarnos al orinar en la mayoría de ocasiones. Yo lo achaco a la comodidad de sacársela frente al acto de bajarse los pantalones y sentarse, pues en esta vida acelerada y de comida fast-food, incluso el relajante acto de ir al baño lo hemos convertido en algo que hay que hacer deprisa y corriendo; la generación del polvo en 15 minutos, que cantaban los Gritando.

La cosa es, antes de que me pierda, que se apagó la luz. Sí. Con la chorra en la mano me pilló.
Y sí. Me pilló en mitad de la meada. Teniendo en cuenta que la luz está en el lado derecho, y que soy diestro, y que estaba a mitad de meada, el lector o lectora ya habrá llegado a la conclusión de que tuve que terminar mi meada a oscuras. Una mente lúcida podrá deducir “haber sacado el móvil para alumbrar”, pero en el curro no suelo llevarme el móvil al baño para ir a mear, se queda encima de la mesa durante todo el día. “Pero, ¿por el sonido se puede deducir que seguías meando dentro, no?” Pues aquí tenemos el nudo de nuestra historia. En el párrafo cuarto, “devuélveme mi tiempo, cabrón”.

Pues resulta que estaba meando apuntando a la parte frontal del wc, la parte blanca, sin agua, la que prácticamente no hace ruido, por lo que, bien escuchado a oscuras, podría resultar que seguía orinando dentro, o estar orinando en cualquier parte del wc que no esté preparada para dicho fin, llenando el cuarto de baño de pis.
Entonces, la duda mundial, ¿me habré desplazado sin querer? ¿me muevo hasta encontrar el sonido de agua contra agua? Si me muevo, podría salirme fuera, sin duda, ya que cuando la luz se ha apagado, estaba meando dentro. Pero, ¿y si en la perturbación lumínica me he desplazado unos centímetros sin querer? Qué angustia. ¿Cuánta meada me queda? ¿Estará dentro? ¿Fuera? El olor empezó a ser significativo, empezaba a oler a pis. Joder, me estoy meando fuera, fijísimo. Pero un segundo, ¿un baño no huele a pis siempre antes de tirar de la cadena? Cuántas cosas nos perdemos por usar la vista. Ay mierda, esto no se acaba nunca, ¿muevo el chorro? ¿será demasiado tarde? ¿qué más da moverlo? Si lo muevo ahora y antes no estaba fuera, mojo el suelo y pongo todo perdido. Si lo muevo ahora y antes estaba fuera, quizás caiga dentro, pero ya habré puesto todo perdido. Perdido, como mi dignidad en todo caso, si muevo el chorro, pues es bastante probable que ponga todo perdido.

Y entonces cesó.
El chorro se acabó.
Mierda, pensé, ¡pero si podría haber parado de mear, para girarme 90º, encender la luz, y seguir meando! ¿Por qué no lo he pensado antes? ¿Por qué me he dejado llevar por la angustia? En cierta parte, ha sido divertido, incluso lo mismo me da para escribir un tochazo en el blog ese que ya no lee nadie.
El pestuzo a pis era insufrible, así que pensé en salir corriendo sin encender la luz, pero me armé de valor, y tras guardarme la chorra, encendí el interruptor y…
¿os habéis fijado alguna vez en el olor a pis antes de tirar de la cadena?